Por: Fer.

Advertencia: estás a punto de leer 6500 palabras, éste el momento perfecto para abandonar esta página y volver a Facebook a hacer nada.

Hace un par de años, encontrándome en una etapa preocupante de mi vida caracterizada por mucho tiempo libre para leer blogs aleatorios, decidí salir de casa luego de días en el anonimato y juntarme con dos amigos. Uno de ellos le contaba al otro sobre alguna vaina muy increíble de la que le habían contado: “Meditación Vipassana men, es una técnica milenaria enseñada en un curso gratis de diez días, te dan comida y todo, es como un retiro espiritual”, fueron las palabras de José Manuel.

¿Una técnica milenaria en diez días y gratis? Aquella oferta era mejor que las de RCI (Resort Condominiums International), las famosas vacaciones en resorts de tiempo compartido, donde te ofrecen estadía y comida gratis a cambio de una pequeña charla de 20 ó 30 horas.

Por cierto, la página web del curso expresa claramente en alguna parte que no se trata de un retiro espiritual ni de unas vacaciones.


Cuando alguien te habla de meditación, y no has practicado meditación de verdad, es bastante probable que te suceda algo así:

Imagen 1
Imagen 2

Imagen 3

Hay escepticismo, y con mucha razón. ¿Quién en su sano juicio puede pensar que sentarse con las piernas cruzadas a murmurar hará que ocurra un milagro? Ahora, si es de rodillas…

Pero meditar es mucho más que cruzar las piernas y hacer om. Vamos a aclarar esto preguntando a quien más información tiene: Wikipedia (Google es quien más sabe, pero nos mandará a Wikipedia).

La meditación es una práctica en la cual el individuo entrena la mente o induce un modo de conciencia, ya sea para conseguir algún beneficio o para reconocer mentalmente un contenido sin sentirse identificado/a con ese contenido.

El término refiere a un amplio espectro de prácticas, y toma diferentes significados en diferentes contextos.

Los eruditos que redactaron el artículo sobre Meditación en Wikipedia estaban ocupados meditando y explicaron poco. En realidad, la meditación parece ser alguna práctica que involucra la mente, pero no se trata de una práctica única y exclusiva, sino de muchas, con técnicas y objetivos diferentes, que cambian según la época, cultura, e incluso creencias.

Leyendo más allá de Wikipedia, justamente los otros nueve resultados de la búsqueda en Google, porque nadie lee la segunda página, descubrí que aunque la meditación se define de formas distintas y ambigüas, siempre mencionan objetivos parecidos, los cuales se pueden agrupar en tres fundamentales:

  1. Inducir algún estado alterado de consciencia:

    Consiste en crear una condición mental diferente al estado de vigilia. Eso que sientes al tomar café, beber vino, fumar un porro, fumar opio, inyectarte derivados del opio, o lo que sea que te haga feliz, es un estado alterado de consciencia, y eso que sientes cuando no fumaste o bebiste algo, es el estado de vigilia. Técnicamente, todos son estados alterados, sólo que la vigilia es el por defecto. (Piensa en un mundo paralelo donde todos nacen y están ebrios todo el tiempo. Te tomas una píldora para la sobriedad, pero no te sentirías sobrio, sino “alterado”, o lo que en este mundo llamas “normal”). Según los meditadores más experimentados, se pueden lograr estados alterados iguales o más complejos que con alguna sustancia o agente externo. Estos estados alterados sirven para desarrollar compasión, amor, paciencia, generosidad, o simplemente lograr sostener la concentración en un punto sin esfuerzo y no matar gente. También se puede utilizar para hacer menos aburrida la vigilia y disfrutar de una sensación de bienestar constante. Es tomarse un vino, sin el vino. Esto me hace pensar en dos cosas por separado: deportistas, y el futuro. Cuando un deportista dice que “el deporte es su droga”, realmente lo dice en serio (aunque él no lo sepa). La misma Dopamina (hormona del placer y la motivación) que libera cuando se toma un café, también es liberada con ejercicio intenso, y lo mismo aplica para la meditación. Ahora pensemos en el futuro, justo cuando dominemos al cerebro y tengamos la capacidad de controlar a voluntad la cantidad de neurotransmisores que influyen en nuestro estado de consciencia con una aplicación móvil. ¿No sería hermoso y económicamente viable?

    Aplicación móvil futurista Árbol que no existe

  2. Conseguir algún beneficio espiritual:

    Hay quien practica la meditación para conseguir un balance en contraposición a lo material. Este es el tipo de espiritualidad que está relacionada a la búsqueda de estados de bienestar y realmente entra en la sección anterior. Aquí en la segunda, está la espiritualidad de tipo religiosa, donde la religión pone el libro y las reglas: la meditación con carácter religioso, como la Cristiana, te pide dejar de ser un egocéntrico para enfocarte en otro egocéntrico: Dios (leer los tres primeros mandamientos), con ayuda de la Biblia o escritos de la Iglesia, y aunque consigas bienestar físico producto de la práctica, la finalidad con que lo practicas es tu salvación y eternidad. Hasta en el Budismo, que no tiene un dios ni una jerarquía, cada escuela dice tener la verdad verdadera para alcanzar distintos fines como construir tus energías internas, promover la unión del alma individual con Brahman o Shiva, y erradicar el Duhkha. Si Harry Potter fuese una religión reconocida con su propia técnica de meditación, aprenderías a controlar la magia a tu antojo, dirigir tu Patronus por el sendero de la iluminación, y librarte de toda negatividad muggle. Sentirías los beneficios de meditar, y no te perturbaría El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Pensarías que se trata de magia, y no de tu esfuerzo. El primer médico en la historia seguramente fue la mente que tuvo la brillantez de inventar el placebo, alguien de mente retorcida pero de buen corazón. Aunque la meditación religiosa siempre estará alineada a ciertas creencias, la podemos dividir en dos grupos:

    1. Sin drogas:

      Meditaciones como la Trascendental, la Sahaja Yoga, la Budista, la Hinduista, y miles más, sugieren a sus miembros no consumir intoxicantes porque (inserte cualquier razón con la palabra desbalance o espiritual).

      Realmente es porque así lo decidió alguien alguna vez.

    2. Con drogas:

      Otros movimientos sugieren agregar un poco de sazón e inducir una meditación forzada. Entre los más conocidos tenemos al de Jah Jah Rastafari,  donde te ayudan con la búsqueda espiritual agregando ganJah a la fórmula, porque así lo decidió Jah, y nadie objetó ese día. En la Iglesia Nativo Americana, agregan un poco del cáctus que suaviza mis yemas con su piel a la experiencia (Peyote), ya que lo consideran integral en su estilo de vida religioso (¿o religioso estilo de vida?). En Occidente solemos meditar con una copa vino, religiosamente.
      En el Árbol
      Rastafarai Salvation

  3. Conseguir algún beneficio para la salud:

    El propósito es obtener alivio para dolores de todo tipo, relajación muscular, mejoras en la concentración, memoria, sistema inmunitario e incluso aumentar el coeficiente intelectual. La más famosa en los tiempos modernos, y que recomiendo ampliamente, es la técnica Mindfulness, una versión inspirada en el Budismo pero americanizada, particularmente agringada, donde pasaron todo por un filtro y dejaron lo que está respaldado por la ciencia, y desecharon el resto. Hay cosas que si se pasan por ese filtro, queda nada.

No necesito Rivotril, ommm

¿Estás seguro de que no es algo religioso? ¿No es un complot de Herbalife? ¿SEGURO? Le pregunté a José Manuel

No te preocupes, no hay creencias ni dogmas. Claro, no puedes usar el celular, ni hablar con los demás, hay un voto de silencio de diez días. Vas a dedicarte exclusivamente a aprender a meditar, y no tendrás tiempo de algo más, pero men, es una cura universal para los problemas universales… Y toda la comida es vegetariana.

Pensando en la Lechuga

Está bien, nadie alcanza la iluminación por Whatsapp o con indigestión por haberse comido una vaca. Decidí inscribirme, y en la página web descubrí que el curso era más demandado de lo que esperaba: todas las fechas estaban llenas y con lista de espera, ¿acaso los vegetarianos estaban acaparando los cupos?, o peor: ¿los veganos? o peor: ¿la gente de Herbalife? No importa, yo quería la cura universal para los problemas universales (es mejor tenerla y no necesitarla…), así que con el riesgo de ser reclutado por gente oscura y piramidal, me apunté en la lista de espera. Entre las 20 ó 30 preguntas que me hicieron, una era: ¿Tiene usted alguna enfermedad o trastorno mental? ¿Quién era aquella gente? A la misma respondí que “estar sano o normal también es un trastorno mental”, y envié la solicitud. Un amigo respondió estar deprimido y le negaron el cupo, lo cual me hizo confirmar que no se trataba de Herbalife.

Esperé los próximos días con las esperanzas de que alguien más no pudiese asistir al curso por alguna razón no tan mala pero necesaria en su vida, como una colonoscopia, y yo tomar su posición. Así fue. Recibí mi carta de Hogwarts, y me encontré listo para afrontar el gran reto: contarle a mi madre. También me encontraba listo para el curso.

¿Un curso de Meditación? ¿Vas a hacer Ommm?

Así es, madre. Adiós.

Empaqué suficiente ropa para no tener que lavar en los diez días, algunos brownies, galletas y donas para el camino, porque no sabía si volvería a comer algo decente o me quedaría allí atrapado para siempre con las lechugas. Emprendí mi viaje hacia la montaña, atravesando hermosas áreas verdes y los ocasionales nidos de reggaetón, donde los nativos meditaban con alcohol. Ignorando la tentación y siguiendo adelante, finalmente encontré la casa-templo-jardín. Al llegar me quedaba una última galleta, justo a tiempo para comenzar a trabajar el arrepentimiento y los lamentos. Hay algo que aún no lograba internalizar: me habían dicho que aprendería a entrenar mi mente y a eliminar el sufrimiento en mi vida. ¿Cómo era posible esto al mismo tiempo que comer pepino? ¿Diez días de encierro sin el ruido de la ciudad ni gente vendiéndome charlas motivacionales de Omnilife para cambiar mi vida y ser dueño del mundo? Lo máximo. ¿Una alimentación completamente vegetariana desde el primer día, luego de una vida entera comiendo pollito en todas las formas que puede ser maltratado el pobre pollo? Vamo a calmarno.

La bienvenida en el estacionamiento estuvo a cargo de un muchacho que se veía extremadamente relajado. Sin dudas estaba más iluminado que yo, y pude sentir su compasión cuando me vio comer la última galleta. Me contó que llevaba meses allí, y que era lo mejor que le había pasado en la vida. Me dio miedito. ¿Entonces más que diez días, podían ser meses? ¿Gratis? Pensé en Caperucita y el Lobo, pero el lobo ya me había quitado las llaves del vehículo. Tras aquella puerta se encontraba un mundo sin Facebook, un mundo sin Instagram, y para la Generación Z, un mundo sin Snapchat. Quizás no era tan malo. Allí estaba ante mis ojos: el Centro de Meditación Vipassana Dhamma Venuvana sin fines de lucro, ni religiosos, ni de convencerte de algo. Ellos simplemente están allí, con sus vegetales.

Antes de continuar, vamos a hacer una pausa para reflexionar un poco sobre lo sucedido: ¿cómo fue que terminó un Centro de Meditación Vipassana, una de las técnicas más antiguas de la India, en la Venezuela del Siglo XXI y resto del mundo? Retrocedamos un poco y aclaremos esto.

Hace al menos 5000 años (parece que) sucedió algo así:

Amit, un chico de la India

Les presento a Amit, un adulto de 14 años con una vida normal, padre de familia, cazador, y quien se esfuerza a diario en sus labores mientras su esposa hace de madre y recolectora. Amit suele sentarse a hacer la digestión frente al fuego cada vez que termina de cenar su presa del día. Amit está a punto de tener una experiencia un poco distinta a las veces anteriores.

Amit, observando el fuego

Amit, observando el fuego

Amit, observando el fuego

Amit, flipando

Anika, Anika!

El fuego y Anika

Y se hizo la meditación. Amit fue uno de los antepasados que lograron alterar su estado de consciencia y dejar evidencia escrita para que supiéramos que ellos también se divertían. Anika, su esposa, nunca quiso mirar las llamas por más de un minuto, y jamás entendió algo de aquello. Tampoco le siguió lavando la ropa a Amit.

Amit pasó a ser trending topic durante las jornadas de caza. Todos comenzaron a observar el fuego y a tener meditaciones grupales. Algunos aprendieron a enfocarse en la respiración, otros a fijar la mirada, y otros murieron cazando. Cada quien fue descubriendo pequeños fragmentos, y así comenzó a evolucionar la práctica, que aún sigue mutando. Fue tanto el éxito durante ese milenio, que dejaron fotografías:

Cultura del Valle del Indo. Primeros registros sobre Meditación.

Selfie “Señor haciendo Om”. Cultura del Valle del Indo. Primeros registros sobre Meditación. Las escrituras Indias más antiguas, llamadas Tantras, hacen constantes referencias a la meditación.

Por los próximos 3500 años no sucedió mucho en el campo de la meditación. Hubo las ocasionales guerras donde los soldados meditaban antes de irse a matar los unos a los otros por órdenes de sus respectivos Dioses jefes, hasta que en el 500 a.C., la historia de la meditación cambió para siempre.

Adelantemos al 558 a.C., Reino de Sakya (Nepal, para los panas). Unos dicen que fueron unos años más, otros unos menos, pero cerca de esa fecha, nació Sidarta, el hijo del Rey.

Hola, soy Sidarta

Durante su juventud, Sidarta llevó una vida de príncipe bastante normal: palacios, doncellas, bailarinas y músicos, todo en ropa interior y con su propio criado con parasol en manos. Recibió educación en letras, matemáticas y artes marciales, y hasta lo dejaron casarse con su prima. Fue algo como “Sidarta, aquí están tus tres primas y dos ovejas, ¿con cuál te quieres casar?“, escogió a la del mejor nombre, Yasodhara, y cerró sesión.

El príncipe vivía secuestrado entre lujos pero papi no lo dejaba salir; un día salió a escondidas, todo para llevarse un shock nivel príncipe: vio a un enfermo, a un cadáver, y a un mendicante. No podía creer la realidad, y se frustró con su padre por haberlo engañado, e hizo lo que a muchos hijos les ha tocado hacer en algún momento de sus vidas: mandarlo al carajo. Decidió renunciar al trono y abandonar el Reino al más puro estilo Snowden pero en corcel y junto a su fiel criado, hasta el Reino de Magadha, del cual papi no podía traerlo de vuelta para darle su castigo. Se fue a perseguir sus sueños, o en este caso, la Iluminación.

Como iba bastante en serio, se cortó el cabello (un gasto menos en shampoo), se despojó de las joyas y envió todo de vuelta a casa con el criado, quien no era Chavista y entregó todo intacto al Rey. Sidarta decidió que iba a liberar a la humanidad de todo sufrimiento, y comenzó a practicar el ascetismo, negando todo placer material por el resto de su vida, y meditando con distintos maestros por años.

La Iluminación

Un día, cansado de tanto om y poca luz, Sidarta se sentó bajo la sombra de un árbol, y dijo que no se movería de allí hasta iluminarse. No necesitó más:

Sidarta Dia 1

Sidarta Dia 37

Sidarta Gautama se había iluminado y se convirtió en Buda, básicamente porque así lo sintió, y fundó el Budismo. Buda realmente significa “El Iluminado” o “el que ha despertado”, y tú puedes ser el próximo Buda si te sientas bajo el árbol correcto. De hecho, según los mismos textos budistas, Sidarta es el Buda número 28, y ya hubo 27 Iluminados antes que él, y estamos esperando al próximo. ¿Cómo sabremos de su llegada? Él nos lo dirá.

El Budismo utilizaría la meditación para dos cosas: experimentar el Nirvana y alcanzar la Iluminación. El Nirvana es la liberación del sufrimiento y del ciclo de renacimientos, ya que según el Budismo, renacemos infinitamente en forma humana o de pato, hasta que descubramos la meditación y nos podamos iluminar. Buda mató dos pájaros de un solo tiro, a diferencia de Kurt.

No debemos confundir a Buda con Hotei, el gordito feliz que muchos coleccionan en pequeñas estatuas y piensan que es Buda. No los culpo, es mucho más fácil caer en esta confusión, que en la del rubio de ojos azules que todos piensan que es un Judío de hace 20 siglos. A diferencia de Buda, Hotei nunca se iluminó.

Buda Hotei Buddha bu-dai pu-tai budai

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” – Buda #28

Buda (the 28th) nos quiso decir:

Estás jodido; depende de ti la definición de jodido.

Ese saiyajin marcaría tal impacto, que se formarían cientos de escuelas Budistas posteriores a su muerte, y muchas se expanderían por todo el mundo, así como millones de mini-budas falsos para decorar el hogar. De las 19 escuelas que formaron el Budismo original, una es la Theravāda, quienes decidieron que la práctica más adecuada para profundizar en la verdadera naturaleza de la realidad era una llamada Vipassana. Fue una decisión tan sabia, que rápidamente quedó olvidada por siglos.

Siglo XX

A principios del Siglo equis equis, un monje Birmano llamado U Nārada decidió revivirla e introducirla en el Theravāda, haciendo ajustes en la técnica según lo que había aprendido durante su vida, y creando así Vipassana 2.0. Fue como Chávez reintroduciendo el pensamiento de Bolívar, pero con éxito. Uno de sus estudiantes, Mahasi Sayadaw, se encargó de enseñar la nueva técnica a las masas, e influyó en la creación y expansión de Centros de Meditación por toda Asia e incluso Estados Unidos. Si Mahasi hubiese nacido en nuestra época, sería un gran ejecutivo en Uber.

A finales del mismo Siglo y más cerca de nuestra época, un señor llamado S. N. Goenka, quien era un empresario adinerado a quien ni la morfina le quitaba el dolor de cabeza, se curó con Vipassana y decidió comprar la empresa destinar su fortuna al desarrollo y expansión de Centros de Meditación por todo el mundo, y se dedicó a enseñar la técnica. El Vipassana estaba restringido a la tradición Theravāda, pero Goenka decidió ser socialista y abrió las puertas a todos. Muchas otras personas adineradas comenzaron a beneficiarse del curso y la técnica, y aparentemente hubo un Venezolano entre ellos que donó la casa-templo-jardín al Movimiento Vipassana, y así llegó el curso de Meditación Vipassana a Venezuela (o seguro de una forma parecida). De la misma manera (o de maneras muy parecidas) llegó a muchos otros países.

Ok, eso aclara todo, sigamos con la historia:

Me dieron a escoger mi habitación y mi cama; ambas olían a humedad y al minuto no. Fui a registrarme y entregar mi celular para que lo depositaran en una bóveda bajo llave (oh, Siglo XXI). No habían sido suficientes las 25 ó 30 preguntas en línea, y ahora tenía que escribir una autobiografía, lo cual les ahorraría tiempo para un eventual obituario.

Luego de haber sido segregados, niños con niños, niñas con niñas, un señor misterioso, que minutos antes se encontraba hablando por su iPhone, hizo acto de presencia, y le dio play.

Comenzó una voz en inglés, y luego el doblaje de quien parecía un Uruguayo.

Debéis trabajar con diligencia y con tranquilidad, desde las 4 de la mañana.

El juego del miedo había comenzado. Luego supe que la voz original era Goenka. ¿Por qué estábamos escuchando a un señor muerto con traductor en un parlante Bose con el iPhone del señor conectado? Muchos misterios, y diez días para resolverlos. (“El iPhone del Señor” sería un nombre genial para un libro de Cristianismo Postmoderno, un género poco explorado).

Día 1: la campana

La primera sorpresa del día uno, es que el día anterior se trataba del día cero. Cuando te levantas y sales de la habitación, lo primero que ves es un pequeño anuncio en la pared que dice Día 1, e inmediatamente sacas cuentas y descubres que lo que te habían dicho que duraría diez días, en realidad son doce. Los días de entrada y salida no cuentan, y es como el hotel que todos soñamos, pero sin lavandería.

Como buen informático que a veces se acuesta de madrugada y siempre duerme de día (realmente mi ritmo circadiano está un poco desplazado con respecto a la sociedad, pero siempre duermo 7 horas), la primera noche fue imposible dormir.

¿Doce días? No tenemos tanta ropa interior ni exterior.

¿Cuándo le darán un Oscar a Leo?

¿Será que estamos muertos? ¿Qué es estar vivo?s

¿Dejé los torrents descargando?

Cuando finalmente me estaba quedando dormido, sonó la campana para levantarse. Esa campana te hace preguntarte cosas como ¿qué mierda hago aquí? y ¿desde cuál siglo importaron esa campana? Respiré profundo, y entusiasmado por aprender a inducir los estados alterados de consciencia, me dirigí a la habitación del tiempo, y me senté en mi cuadrito. Al instante y como por magia, logré inducir un primer estado alterado: el sueño. Me quedé dormido.

La habitación del tiempo es el espacio donde niñas y niños se juntan a meditar bajo la guía de las grabaciones del Señor Goenka y del Uruguayo, así como la supervisión de un maestro certificado (que fue a la India), sentado a una altura ligeramente mayor al frente de la sala, y con quien puedes conversar en pocas ocasiones y es tu única oportunidad de escuchar tu voz durante esos días y evitar la psicosis.

La primera clase, y aún lejos de que saliera el sol, se caracterizó por ronquidos molestos; no dudé en aportar algunos. Tener que entrar a la habitación del tiempo a observar tu respiración y sabiendo que te esperan unas zanahorias, no es tan hedonista como suena y al principio puede resultar en narcolepsia. Lo que sí era realmente cool y mi razón para levantarme a diario, era un fenómeno que ocurría cuando entraba a la sala, y luego de meditar un par de horas y abrir los ojos, ver la luz del sol comenzar a penetrar el cristal y dibujar una sombra perfecta sobre la profesora que estaba al frente de todos, e imaginarla como un personaje de Mortal Kombat.

Meditación Vipassana - Habitacion del Tiempo

Y apenas 18 horas después, de las cuales 14 fueron de meditación, el Uruguayo dijo:

El primer día ha terminado, os quedan nueve días más para trabajar.

Y lo que quedaba de cada quien se fue a la cama.

Día 2: la comida

El día uno fue de observación y adaptación. En apenas dos noches, cada quien había formado su rutina perfecta sin abrir la boca ni rozar con los demás. Eso me hizo comprender algo: los matrimonios que surgen a distancia, donde el Ruso y la Venezolana tienen barreras comunicacionales que los limitan a conversaciones de tercer grado (y tienen sexo despiadado), prosperan, y con mucho sentido: mientras menos hables, menos chance tienes de cagarla.

La rutina, en mi caso: esperar la campana a las 4:00, dar media vuelta, seguir durmiendo hasta las 4:29, y correr a la sala antes de las 4:30, el máximo permitido antes que noten tu ausencia y vengan por ti.

A las 6:30 era el tercero o cuarto en la línea del desayuno. Había gente que rompía el zen cada mañana y corría desmedidamente al comedor apenas sonaba la campana. Pan, cereales, leche, frutas, arepas, mermeladas, café, té, agua, y otras cosas que a veces aparecían para romperle los huevos a los veganos, como el queso. Siempre desayunaba lo mismo en cinco minutos o menos, y así podía ducharme en la regadera que no pasaba repentinamente de caliente a muy helada, y rápidamente seguir durmiendo antes que sonara la campana, de nuevo.

Debo admitir que mi miedo a la alimentación se esfumó cuando probé el almuerzo, ¡Qué vaina más buena! En el pasado, cuando escuchaba la palabra vegetariano, solía imaginarme picando pepinos y lavando lechugas, para luego botar todo y llamar a Domino’s. Acá daba la impresión de que había un Chef Budista en la cocina, porque los sabores eran increíbles. Muchas veces ni sabía qué era eso en el plato, pero resultaba bueno. Lo que más me ahuyentaba del curso fue lo que más feliz me hizo, hasta que después, a eso de las 6 pm, llegó la merienda.

La merienda del curso es un instrumento creado por los antiguos monjes para restaurar el balance luego de tanta positividad al almorzar. Es acá donde demuestras de lo que estás hecho, y donde corresponde asimilar el verdadero concepto de merienda, no ese que siempre has tenido y que generalmente involucra Nutella, sino aquél que se define como:

Uno o dos pequeños pedazos de alguna fruta, probablemente una compuesta en su mayoría por agua, como una sandía, y un té con limón, para hacer buena digestión.

También toca afrontar otro hecho: después de la merienda, no habrá más comida sino meditación, hasta el otro día pero después de haber meditado un poquito primero. Yo entiendo que todo es gratis, pero 🙁

blogdefermatachos23

Inhalé, merendé, exhalé, y me fui a sentar en el jardín, el único rato verdaderamente libre en todo el día. Comenzaron a sobrevolar unos colibríes y sentí que estaba en alguna escena de Disney. Me puse pensativo por el resto de la tarde:

No tengo hambre.

No necesito comida.

Quiero brownie.

Día 3: flipando

Habiendo conciliado el sueño la noche anterior, pensé que volvería a dormir bien, hasta que a los siete u ocho minutos de haber cerrado los ojos, la imagen de algún león apareció (no era el Rasta). Abrí los ojos, todo estaba oscuro, y al cerrarlos de nuevo, comenzaron a generarse cualquier cantidad de cosas aleatorias en lugar del león. Desde ese momento, y casi por el resto del curso, comenzaría a tener visiones a ojos cerrados en casi todo momento, y serias dudas sobre mi salud mental.

Al tiempo descubrí que aquello era perfectamente normal, y que no se debía a la meditación. Se debía al silencio absoluto durante tres días, y a las largas horas con los ojos cerrados. Sucede que el cerebro está tan acostumbrado al sonido y la luz, que si le quitas ambas cosas, enloquece.

Para demostrar esto, en la década de 1930, Wolfang Metzger diseñó el Experimento Ganzfeld, el cual todos pueden replicar en casa:

  1. Encender la radio y colocar alguna emisora con estática, solamente ruido.
  2. Cortar a la mitad una pelota plástica de ping pong.
  3. Con la ayuda de cinta adhesiva, cubrir ambos ojos con las mitades.
  4. Esperar algunos minutos hasta que aparezca el león.
  5. Opcional: si no apareció, probar con algunos hongos.

Ganzfeld

Día 4: el primer caído

Al principio, éramos unos 50 estudiantes. Para el día 4, éramos uno menos. Un señor que estaba en mi habitación había desaparecido con todas sus cosas, y se perdería de unos deliciosos vegetales ese día. Otra chica también salió huyendo hacia McDonald’s.

Cuando miras el cartelito y dice Día 4 pero sientes que llevas ahí una eternidad, es probable que la ansiedad se apodere de tu consciencia y sugiera grandiosas ideas como abandonar aquello. Hay que entender que los días se sienten mucho más largos porque te la pasas meditando 14 horas y haciendo silencio las 4 restantes. Alguna vez leí que las mujeres hablan siete veces más que los hombres. No puedo imaginar la impotencia que sentían (luego del curso, unas chicas me contaron que otras intentaban conversar con ellas, porque sencillamente no aguantaban, pero siempre las ignoraban). Luego duermes y alucinas por 6 horas hasta que se repite todo de nuevo. Realmente no es tarea fácil permanecer allí, la mente se pone inquieta y sientes el exorcismo. Debo haber fantaseado con escapar unas diez veces, y hasta tenía varios planes, pero en todos terminaba muerto a manos del hampa en las afueras del Centro, así que me fui de nuevo a la cama:

Ya aprendimos a meditar, 4 días fueron suficientes, ¿realmente necesitamos diez días?

Si esperamos hasta medianoche, podemos saltar la reja detrás de la cabaña, recoger las llaves del carro e irnos. Compramos otro celular.

Seis días más, SEIS DÍAS MÁS, COÑO.

Si comienzas ya, da tiempo de cantar dos álbumes antes de la campana.

Día 5: tensión

Hasta el quinto día, aquello del no contacto humano no había representado problema. Se supone que estás allí para aprender a desprenderte de todo, pero no es tan fácil apagar nuestro lado más primitivo en tan poco tiempo, y así como ganzfeld nos demostró con pelotas de ping pong que el cerebro necesita luz y color, Freud documentó que somos unos fornicadores, y sólo le tomó un par de líneas.

Vamos a revisar rápidamente la Encuesta Nacional de Comportamiento y Salud Sexual en Estados Unidos. Asumiré que acá en el Sur somos parecidos o peores, y que desde 2009 no deben haber cambiado mucho los números respecto a 2016.

¿Qué tan frecuente te Masturbas?
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Acá podemos ver que:

  • 9.4 de cada 10 hombres alguna vez se ha masturbado, al igual que 8.4 de cada 10 mujeres. Eso es mucha masturbación.
  • 35% de las mujeres y 69% de los hombres se masturban una o más veces a la semana. 37% de las mujeres y 15% de los hombres se masturban una vez al mes, y no pertenecen al grupo de los que se masturban varias veces a la semana, por lo que hay que sumarlos.

Si asumimos que la edad promedio de asistentes al curso de meditación era 25 a 29 años, y que habían 25 chicas y 25 chicos presentes en el curso, tenemos que 34 personas en la habitación del tiempo, 15 chicas y 19 chicos estábamos en alto riesgo de darle la razón a Freud, mientras que los 16 restantes desconocían la situación de peligro que les rodeaba.

Cuando todos entrábamos a la habitación del tiempo, hombres por una puerta y mujeres por otra, era obvio cómo decenas de miradas se cruzaban de parte y parte, todo sincronizado para que pareciera que nadie estaba viendo a alguien, pero todos aprovechando la oportunidad para al menos recordar qué aspecto tiene cada género.

Ya era la mitad del curso, y los dolores físicos eran intensos. No importaba la posición en que te sentaras, ni el cojín que tuvieras, el cuerpo siempre dolía de alguna forma u otra, y todo era parte del plan.

Día 6: La línea del no retorno

Al sexto día los ejercicios de respiración habían ido progresando y cada vez me sentía más en control; sin embargo, no me parecía que estuviese realmente meditando de la manera que me lo habían contado. No había suprimido el ego ni erradicado el sufrimiento. Igual no importaba mucho, las expectativas nunca fueron tan altas, y concluí que en general se trataba de un buen curso de meditación, con una comida increíble, una técnica decente, un precio inexistente, y un costo gigantesco, física y mentalmente.

Durante uno de los descansos, entré en una crisis de pánico luego de ver el cartelito con su Día 6. ¿Estaba en el limbo condenado a repetir siempre lo mismo? ¿Cuándo se acababa aquello? ¿Cómo hace la gente que toma cursos de veinte días? Me sentí tan ansioso, que pensé en pedir un cigarrillo a alguno de los motorizados que constantemente pasaban por las afueras de la casa-templo-jardín, para encenderlo en secreto y luego apagarlo al recordar que no fumaba.

Luego de la merienda y el descanso en el jardín con los colibríes, entramos de nuevo a la sala de meditación. La técnica había ido evolucionando de observar la respiración a observar todo el cuerpo, y aunque esto me costaba mucho trabajo y dolor, de repente llegó el momento que tanto esperaba: el estado alterado de consciencia, boom! Fue como si de repente mi cuerpo dejara de estar allí, o lo hubiese dejado de sentir junto a los dolores, y pasara a ser un pixel en el aire sin ningún tipo de ego, o sensación de ser yo, acompañado de un bienestar indescriptible. Era como estar flotando, y todo aquello comenzó a parecer un sueño. En ese momento, no importaba absolutamente nada, y el cuerpo se había mezclado con todo lo demás. Era un todo en transición, impermanente, y de repente la clase había finalizado. ¿Tan rápido? Nunca antes había querido seguir allí para siempre.

Fue tal la calma con que abandoné la habitación del tiempo, que mirar el cartelito no me afectó en lo más mínimo; dar un Golpe de Estado al dormitorio de las mujeres ya no era una opción necesaria.

Pude dormir, y esa mañana no esperé a las 4:30, sino que entré directamente a las 4:00 a la habitación, y de inmediato seguí jugando al super saiyajin, ya que no sabía cuánto durarían aquellos super poderes.

Día 7: sorpresa

Aunque todo marchaba por primera vez de maravilla, hay algo que extrañaba profundamente: el azúcar. Recordar aquellas donas que me acompañaron hasta las puertas del curso me puso algo nostálgico, y comencé a fantasear sobre las cosas que comería al salir de allí.

El almuerzo de ese día no fue tan espléndido como los anteriores. No sé qué le pasó al Chef, pero se le ocurrió darnos carne de mentira (soya), la cual sabía horrible. Nada como una auténtica vaca, y hasta los vegetarianos lo saben. Cuando habíamos terminado de comer y limpiar los platos, apareció un Ángel desde la cocina con una bandeja gigantesca en sus manos que desprendía frío. No podíamos creer lo que veíamos: helado de fresa con fresas en cantidades industriales, acompañado de un cartelito que decía “se puede repetir”. OMG! Is this the real life? Is this just fantasy?

Esa era la recompensa para quienes habíamos aguantado lo suficiente, o quizás en el pasado la gente se suicidaba al séptimo día e introdujeron la idea del helado. Aunque estábamos en proceso de iluminación, pusimos pausa a todo el asunto y dejamos salir nuestros instintos más profundos. Me sentí iluminado. Por si fuera poco, cuando se acabó el primer helado y todos estábamos satisfechos, apareció otro del mismo tamaño. Todos, llenos, volvimos a repetir. ¿Se habían equivocado en la cocina? Al día siguiente aparecería una torta de chocolate, sacándonos lágrimas.

Con helado de fresa

Día 8: más dolor

Para el día 8, Goenka estaba exigiendo más y la técnica se había intensificado. Nos estaban cobrando el helado, y habían periodos en que la meditación consistía en quedarte estático durante una hora entera, ni el más mínimo movimiento. En este momento mi cerebro aprovechaba para trollearme:

Acá descubrí que más difícil que aguantar el dolor físico, es aguantar cualquier picor. Hay que enfocarse el doble para hacerlo desaparecer.

Día 9: Sadhu

No voy a negar que me preocupaba mi ropa interior agotándose. Quedándome una sola prenda y dos días más, comprendí que pronto tendría que repetir. Era eso o lavar a mano, así que lavé a mano.

Cada noche, luego de la última meditación, Goenka nos contaba durante una hora historias sobre Buda (a través del Uruguayo), y nos daba ánimos para continuar. No era el mejor cantante. Hay algo que me había perturbado desde el primer día pero a lo cual había dejado de prestar atención, y era que una buena parte de los estudiantes que allí se encontraban, ya habían hecho el curso con anterioridad y luego de los cánticos de Goenka en la mismísima primera noche, repetían al unísono Sadhu! Sadhu! Sadhu! Al noveno día ya era normal, yo incluso lo decía a veces mientras imaginaba una secta de Herbalife acabando de sacrificar a un gordo, pero las primeras veces que escuchamos el Sadhu, fue inevitable el Wtf?

Día 10: Anicca

Finalmente había llegado el día previo a nuestra vuelta a la civilización. Al tratarse del último día, tuve una de las sesiones más intensas que jamás había experimentado, pero el dominio era tal, que todo eran sensaciones de bienestar. No había dolor, y la satisfacción por casi haber culminado y sobretodo aprendido a meditar de verdad, era indescriptible. No se trataba en lo más mínimo de sentarse y hacer om, sino de un régimen de resistencia física y psicológica casi militar, donde no te imaginas la recompensa al final del túnel hasta que llegas allí. Si me sentía feliz en ese momento, en la meditación previa a la merienda mi felicidad y la de todos incrementó cien veces luego de palabras sabias a cargo del Uruguayo: el voto de silencio ha finalizado.

Para ese momento, ya ni recordaba cómo mover el rostro para sacarle palabras. Aunque ya no sentía la necesidad de hablar, nunca disfruté tanto de escuchar y escucharme. Es una de las mejores formas de comprender a un mudo que dejó de serlo. Ya no éramos un colegio de monjas, y niños podían acercarse a niñas. También podíamos proceder a hacer nuestras donaciones. Sí, aunque el curso de meditación Vipassana es completamente gratis, puedes hacer una donación al finalizar (no permiten donar a gente que no finalizó el curso). Con el dinero siguen sembrando vegetales para los próximos estudiantes, y si hay un poquito de excedente, colocando más Centros por todo el mundo.

Día 11: de regreso

Dudo mucho que haya alcanzado el Nirvana o la iluminación, pero mi insomnio disminuyó muchísimo y pude dormir mejor por un buen tiempo. También se redujeron los dolores de cabeza, y el manejo del estrés mejoró considerablemente. La sugerencia es seguir practicando Vipassana en casa, y así lo hice por un tiempo, pero la verdad es que nada como el curso presencial, que con todas sus peculiaridades, te aísla efectivamente de las distracciones y te obliga a enfocarte.

Atravesar las montañas de regreso a la ciudad escuchando esta canción fue una experiencia muy armoniosa: los colores eran más brillantes, y los sonidos más nítidos. La ansiedad de los días anteriores estaba completamente suprimida; el corazón apenas latía y la sensación de reset era satisfactoria. Mi calma era tal, que no me afectaron en lo más mínimo las bocinas de todos al llegar al primer semáforo. Tenía la percepción de haber comenzado una nueva etapa en mi vida, y sólo me faltaba lavar mi ropa para que así fuera.

Lo mejor de completar el curso, es que si lo quieres repetir, no es necesario que sea como estudiante. Puedes ir como servidor y obtener superpoderes, como hablar. También tendrás ratos libres para lectura y contemplación de tu existencia. Incluso podrías colar un par de brownies.

Dos años después:

La meditación fue lo mejor que me pasó ese año. Nunca antes la había practicado seriamente, y luego de experimentar sus grandes beneficios, me ayudó a repensar mi vida y a comprender con más claridad lo que quería hacer con ella, así como a controlar los momentos de estrés y ansiedad. El Vipassana es una experiencia que todos deberían experimentar alguna vez. Lo mejor del curso no son sus enseñanzas, sino el encierro de diez días, ya que la principal razón por la que no hay más gente meditando es la gran cantidad de distracciones del día a día. Hoy día no practico Vipassana, sino meditación Mindfuless. El Mindfulness es una técnica de meditación con sustento científico inspirada en las tradiciones Budistas pero que se enseña desprovista de cualquier componente oriental y que va directo al punto. Son cosas parecidas, pero acá puedo meditar 15 minutos diarios y obtener resultados similares. Honestamente no sería una idea tan descabellada reemplazar Religión por Meditación en las escuelas.


¿Cómo meditar exitosamente?

El secreto está en la constancia. Es muy fácil romper la cadena, y toma mucha disciplina y compromiso aferrarse a ella. Sin embargo, es completamente razonable practicar durante las mañanas por al menos diez minutos, e igual durante las noches. Esta pequeña cantidad de tiempo trae beneficios increíbles, y no le resta a tu vida más de lo que lo hace el Facebook.

Si quieres probar, en la página ucla.edu puedes descargar audios de Mindfulness en Español e Inglés, y en freemindfulness.org otra cantidad de audios en Inglés.

Si deseas practicar Vipassana, probablemente uno de los 167 Centros se encuentre en tu ciudad o cerca. Les recomiendo revisar sus cursos en su página web, e inscribirse mientras se comen un brownie.

Por último, acabas de leer mi primer artículo, y me gustaría saber si quieres leer más. Si me das tu correo electrónico, prometo avisarte del próximo antes que sea publicado.


Fuentes

La página web de Vipassana en Español con todos sus cursos y ubicaciones.

Los Audios de UCLA, y los de Free Mindfulness.

Receta para unos brownies espectaculares.

Saddhu! Saddhu! Saddhu! Y Annica.